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De toda la conversación con Ana Boadas me quedo con tres palabras: Expresar, compartir y fluir.

Fluir porque Ana, como gran comunicadora que es, ha hecho que me olvide del tiempo y me he quedado «bailando con sus palabras» y disfrutando con su conversación.

Nos ha explicado de una manera comprensible y amena, cómo expresarnos y compartir lo que sentimos nos puede ayudar a gestionar las emociones y vivir con mayor bienestar. Ha sido un gran diálogo en el que hemos podido hablar sobre diversos elementos interesantes de nuestro mundo emocional, como por ejemplo: cuáles son sus principales miedos, sus cualidades y qué hace para gestionar las emociones. A este respecto, la gestión emocional, recordamos que consiste en expresar y canalizar las emociones de manera apropiada, es decir, positiva para uno mismo y para quien nos rodea. Por tanto, reprimir, esconder o suprimir las emociones no es gestión emocional, al igual que tampoco lo es el desbordamiento. Ana lo tiene todo muy claro y, de hecho, de la multitud de estrategias que existen para canalizar las emociones, nos ha expresado esta como la principal que le ayuda y calma:

(…) A mí me va muy bien sacar fuera. Porque cuando yo saco, me quedo como mucho más relajada. Cada uno tiene su técnica y también debe respetarse. Pero yo me he dado cuenta de que necesito hablar y hablar con gente de confianza. Gente que no me juzgará si le cuento lo que sea, si le cuento el miedo, si le cuento esa inseguridad, si le cuento cómo me siento o lo que me hace sufrir. Y cuando hablo de gente cercana o de confianza estoy hablando sobre todo de mi madre o de un par de amigas que tengo (…).

Y, ciertamente, es tal como Ana explica, cuando podemos compartir lo que sentimos con alguien que nos escucha de forma atenta, comprensiva y que legitima y valida lo que sentimos… entonces, esa conversación se convierte en una experiencia extraordinaria y transformadora que permite modular lo que sentimos. De tal modo que, después, estaremos más preparados para afrontar aquella situación, tomar una decisión, pensar posibles soluciones para un problema que nos preocupa, etc.

Y tú, ¿qué haces con tus emociones? ¿Cómo te ayudas o quién te ayuda a gestionarlas? ¿Te has planteado alguna vez si reprimes tus emociones en lugar de expresarlas?

Conversaciones como las de Ana nos ayudan a clarificar conceptos como éstos y así aprender a ser emocionalmente más inteligentes.

¡Gracias, Ana, por contárnoslo tan y tan bien y con tanta sinceridad!