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Después del diálogo con Francesc Miralles, me he dado cuenta de la necesidad que tenemos de hacernos preguntas para vivir una vida plena. Tenemos que “dar gas” a la curiosidad vital. 

Mi percepción es que las prisas y la presión del mundo actual hacen que muchas personas no sientan este interés de preguntarse por la vida para ir más allá de la cotidianidad. Muchas personas viven con miedo al vacío. El miedo al vacío es un miedo existencial que nos bloquea el crecimiento y desarrollo personal. Nos bloquea a avanzar como personas puesto que no nos permite buscar en nuestro interior por miedo a lo que descubriremos o por miedo a no encontrar nada, miedo a descubrir que no somos ni nos sentimos nadie: miedo al vacío.

Vivir con y desde este miedo hace que vivamos en el mundo de la “patá y palante” que vayamos alimentando la rueda de hámster en la que a menudo estamos atrapados/as y que no nos paremos a conectar con un mismo/a ni a hacernos preguntas sobre nosotros ni la vida que estamos viviendo. Necesitamos darnos espacios para conectar, para pararnos (por pequeñas que sean las paradas) y hacernos preguntas sobre la vida… para así, mientras vayamos haciendo camino, ir elaborando las respuestas. ¿Cómo podemos saber si tenemos y vivimos la vida que queremos si no nos paramos nunca a reflexionar? ¿Tu vida tiene sentido y significado? ¿Aprecias tu vida? ¿Vives con paz y serenidad? ¿Te das cuenta de quién eres y te aceptas?

Hacernos preguntas es un arte y necesitamos de este arte para crecer como personas. Quizás, si buscáramos estas preguntas y fuéramos descifrando nuestras respuestas, perderíamos el miedo al vacío, nos sentiríamos más plenos/as interiormente y haría falta llenar nuestra existencia de hechos ni relaciones superficiales ni tampoco obedeceríamos al deseo imperioso de consumir por consumir… intentando cubrir un vacío existencial que no se tapa ni cubre con superficialidades ni con objetos sino con la construcción de la propia esencia y la propia vida.