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Cuando escribo estas líneas, se está celebrando en Glasgow la cumbre del clima, la COP26/ Días atrás se celebró en Glasgow la cumbre del clima, la COP26.

Me impactaron las declaraciones de António Guterres, secretario de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en la ceremonia de apertura, cuando advirtió que estamos ante nuestra propia tumba y que «suficientemente tratar la naturaleza como un inodoro», «suficientemente quemar, perforar y minar nuestro camino». Escuchando sus declaraciones después de la entrevista que pude hacerle a Cori Calero, me doy cuenta, aún más, de la importancia que tienen las competencias socioemocionales en nuestro día a día, por nosotros, por las demás personas con las que nos relacionamos y, en definitiva, por el mundo, por la naturaleza, por nuestra querida Tierra. Y es que las palabras de Cori fueron muy claras al respecto: «… pienso que no habría cambio climático ni la mayoría de problemas que provocamos la humanidad y que sufre la humanidad mira si son tontos, nos lo provocamos y lo sufrimos nosotros mismos… Si fuéramos más empáticos con los demás seres, por ejemplo entre otros muchos motivos, que compartan con nosotros este planeta finito con recursos finitos, ni consumiríamos los recursos que consumimos y los agotamos ni trataríamos a otras especies como las tratamos, por ejemplo, ni pensaríamos sólo en «yo»».

En este mundo que parece tan desarrollado nos queda todavía mucho por aprender como humanidad, como humanos. Nos queda por aprender que llegar primero y «pasar delante de los demás» sin tenerlos en cuenta, nunca será mejor. Nos queda por aprender que nos necesitamos unos a otros para evolucionar y preservarnos como especie. Nos queda por aprender que hay que ayudarnos entre nosotros, que hay que tener en cuenta las necesidades de los demás (y cuando hablo de los demás me refiero a los humanos y al resto de seres vivos con los que convivimos) para seguir avanzando sin hacernos mal, sin provocar nuestra autodestrucción.

Y es que, cada vez más, la empatía se hace más necesaria. Cuando hablo de empatía no me estoy refiriendo sólo a la capacidad cognitiva de tomar y entender la perspectiva de la otra persona, sino de poder conectar con sus necesidades. ¿Cuáles son las necesidades de quienes me rodean? ¿Cómo están viviendo la situación que estamos compartiendo? ¿Qué están sintiendo al respecto? Preguntas esenciales que, si las hiciéramos más a menudo, podrían evitar muchos conflictos interpersonales y nos ayudarían a llegar a acuerdos con mayor facilidad. Hay que tener en cuenta que, para poder empatizar plenamente con la otra persona, es necesario que pueda comprender qué está sintiendo, conectar con sus emociones. Sólo entonces podré captar cómo vive aquella circunstancia, qué siente al respecto, cuál es su perspectiva, qué necesita y cómo puedo ayudarle/a. Esta conexión con los demás la podremos llevar a cabo desde la propia conexión con uno mismo.

Tal y como comentaba Cori, el camino es reunirnos, agruparnos, tirar lazos, no ser individualistas, y ser más empáticos. Necesitamos, ahora más que nunca, conectarnos entre nosotros y también con nuestra esencia como humanos, mirarnos adentro, entender qué sentimos y cómo estamos viviendo nuestra vida, preguntarnos si es ésta la vida y el mundo que queremos, darnos cuenta de si lo que estamos haciendo realmente tiene y tendrá un impacto positivo en nosotros y en los demás como especie y, a partir de ahí empezar a redibujar nuestro futuro contribuyendo a crear entre todos un mundo mejor. Mira adentro, conecta contigo, conecta con los demás y como decía Gandhi «Sé el cambio que quieres ver en el mundo».